La violencia verbal que ejercen los funcionarios del Ejecutivo Nacional, ya para descalificar toda opinión contraria, ya para denostar a quienes
disienten con el discurso oficial es, a mi entender, una de las principales
causas de anomia social y principal foco de incendio.
El gobierno debe salir a
pacificar los ánimos de todos aquellos sectores populares que sienten
la agresión persistente de una
“pléyade” de funcionarios corruptos que
agreden a la prensa, al sindicalismo, a los jubilados, a la justicia
misma, y a todo aquellos que reclaman por sus derechos conculcados, y no,
tirar baldes de nafta al fuego, que en forma incipiente, comienza a insinuarse
en la República.
Esos odiosos comentarios del Jefe
de Gabinete insinuando que el sindicalismo está detrás de los saqueos, es tirar
una bomba molotov sobre los cimientos fundamentales de la Patria, el pueblo.
Esta inusitada cosmovisión de la
política lleva a que los argentinos cada vez vivan más exaltados y propensos a
los estallidos de violencia.
Los saqueos son una forma de
alerta que el gobierno debe interpretar como fruto de su inoperancia y la falta
de políticas inclusivas.
Si a esto, a su vez, le agregamos
la ineficacia de los organismos de seguridad para contrarrestar el delito, la
impunidad creciente ante hechos notables de corrupción, la falta de justicia
ejemplificadora, el pavoneo mediático de funcionarios salpicados de corrupción,
la desmedida brecha entre ricos y pobres y el estancamiento económico que se
advierte fruto de las política monetarias de creación ficticia de riqueza a
través de la emisión desbocada, el panorama a corto plazo es cada vez más
incendiario.
El gobierno debe arrimar
soluciones sin dilaciones y entender que el pueblo es el verdadero soberano y
no permitir a sus funcionarios que utilicen el micrófono para agitar las aguas
del descontento. Debe haber mesura en las palabras, y en los hechos, eficacia.
¡De lo contrario, estamos en el
horno!
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