sábado, 22 de diciembre de 2012

OPINION



La  violencia verbal  que ejercen los funcionarios del Ejecutivo Nacional,  ya para descalificar toda opinión contraria, ya para denostar a quienes disienten con el discurso oficial es, a mi entender, una de las principales causas de anomia social y principal foco de incendio.

El gobierno debe salir a pacificar los ánimos de todos aquellos sectores populares  que sienten  la agresión  persistente de una “pléyade”  de funcionarios corruptos que agreden a la prensa, al sindicalismo, a los jubilados, a la justicia misma,  y a todo aquellos que  reclaman por sus derechos conculcados, y no, tirar baldes de nafta al fuego, que en forma incipiente, comienza a insinuarse en la República.

Esos odiosos comentarios del Jefe de Gabinete insinuando que el sindicalismo está detrás de los saqueos, es tirar una bomba molotov sobre los cimientos fundamentales de la Patria, el pueblo. Esta inusitada cosmovisión  de la política lleva a que los argentinos cada vez vivan más exaltados y propensos a los estallidos de violencia.

Los saqueos son una forma de alerta que el gobierno debe interpretar como fruto de su inoperancia y la falta de políticas inclusivas.

Si a esto, a su vez, le agregamos la ineficacia de los organismos de seguridad para contrarrestar el delito, la impunidad creciente ante hechos notables de corrupción, la falta de justicia ejemplificadora, el pavoneo mediático de funcionarios salpicados de corrupción, la desmedida brecha entre ricos y pobres y el estancamiento económico que se advierte fruto de las política monetarias de creación ficticia de riqueza a través de la emisión desbocada, el panorama a corto plazo es cada vez más incendiario.

El gobierno debe arrimar soluciones sin dilaciones y entender que el pueblo es el verdadero soberano y no permitir a sus funcionarios que utilicen el micrófono para agitar las aguas del descontento. Debe haber mesura en las palabras, y en los hechos, eficacia.

¡De lo contrario, estamos en el horno!

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