Para combatir el delito y la delincuencia urge proceder con rigor con la corrupción instalada.
No combatir la corrupción es propiciar la delincuencia.
Si desde el PODER no dan señales de querer combatir el delito, la sociedad toda debe hacer sentir su voz sagrada y enjuiciar a los ineptos que nos gobiernan.
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