EL CINTURÓN ROJO
Todo comenzó después de una
acalorada discusión entre parroquianos.
Ya ninguno podía con criterio
augusto discernir el eje de la contienda pero cada uno se dejó llevar por su
pasión y se trenzaron a trompadas para dirimir por la fuerza el postulado de la
razón. Ambos terminaron lastimados y doloridos; no obstante, decidieron
terminar con la discusión y el entuerto
y amigarse nuevamente tras compartir algunas copas. El dolor hace fuerte
a los hombres y la belicosidad los hace hermanos.
Que Dios sabe más que los hombres
está escrito en una tabla sobre la pared, y lejos de entender el significado de
la palabra o el concepto de la oración, los hombres, dirimen su sentir y
protagonismo exacerbado a través de su volumétrica calentura. Un cinturón rojo
cuelga en la taberna a modo de estalactita para mofarse de la conciencia de los
borrachos.
Los parroquianos pagaron su copa
como corresponde, pero sintieron en su cara el fuego de la torpeza que los
anima a ser preclaros bajo el embrujo.
El tabernero sabe que el cinturón rojo no significa nada; pero lo ayuda en su negocio a vender más copas y a crear un ambiente propicio para la reflexión y el desenfado.
A guisa de preludio, la fachada
del boliche está pintada de amarillo y negro y una sonrisa de dientes blancos.
La cara externa de la pared esgrime una lengua
alargada en forma de serpiente morena y se divisa en el vidrio los
labios de una mujer.
Adentro, los parroquianos beben
la cerveza más rica del pueblo mientras un CINTURÓN ROJO atrapa sus almas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario