sábado, 8 de febrero de 2014

RELATO

EL CINTURÓN ROJO


Todo comenzó después de una acalorada discusión entre parroquianos.

Ya ninguno podía con criterio augusto discernir el eje de la contienda pero cada uno se dejó llevar por su pasión y se trenzaron a trompadas para dirimir por la fuerza el postulado de la razón. Ambos terminaron lastimados y doloridos; no obstante, decidieron terminar con la discusión y el entuerto  y amigarse nuevamente tras compartir algunas copas. El dolor hace fuerte a los hombres y la belicosidad los hace hermanos.

Que Dios sabe más que los hombres está escrito en una tabla sobre la pared, y lejos de entender el significado de la palabra o el concepto de la oración, los hombres, dirimen su sentir y protagonismo exacerbado a través de su volumétrica calentura. Un cinturón rojo cuelga en la taberna a modo de estalactita para mofarse de la conciencia de los borrachos.

Los parroquianos pagaron su copa como corresponde, pero sintieron en su cara el fuego de la torpeza que los anima a ser preclaros bajo el embrujo.

El tabernero sabe que el cinturón rojo no significa nada; pero lo ayuda en su negocio a vender más copas y a crear un ambiente propicio para la reflexión y el desenfado.

A guisa de preludio, la fachada del boliche está pintada de amarillo y negro y una sonrisa de dientes blancos. La cara externa de la pared esgrime una lengua  alargada en forma de serpiente morena y se divisa en el vidrio los labios de una mujer.

Adentro, los parroquianos beben la cerveza más rica del pueblo mientras un CINTURÓN ROJO atrapa sus almas.





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