miércoles, 16 de septiembre de 2015

DIVINIS POST HUMANIS ERGO

No sé en que jungla habitan aquellos monos antecesores del hombre ni me importa tampoco saberlo. Mi vida no obedece a polos magnéticos ni a imanes. Soy una especie rarísima que se conforma con poco: ser feliz.

Yo no busco ni me esfuerzo demasiado en obtener la gloria ni el reconocimiento, estoy concentrado en ser  y vivir.

Mi rutina puede ser aplastante para otros pero es perfecta para mí. No diré que vivo de la caza y de la pesca puesto que tal cosa no la soportaría en el tiempo. Soy un hijo de la civilización imperante y disfruto del confort de mi siglo.

No tendré un séquito de acólitos que me sigan ni me sube a la cabeza el humo de interferir con los astros para modificar el curso de la historia con doctrinas baratas. Yo disfruto de la simpleza de las cosas y eso es todo.

Cada cual debe vivir su vida de la manera mejor que guste y pueda, y dejar su marca indeleble en la piedra.

Mi aporte al castillo de la civilización no tiene porqué ser esencial ni gravitante. Mi aporte al colectivo es la mancha en la pared que dejo al transpirar mi escritura. Todo lo otro me parece una cenefa en el plinto.

El predicado de la vida aún no fue escrito por ningún mortal. Estamos aquí por indulgencia de las hormonas y nuestra potencia radica en transmitir esa indulgencia hacia futuro.

La construcción de un conglomerado social no surge por casualidad sino por perfección del conocimiento.  La comunicación, el lenguaje, los lazos fraternos, la concatenación de significados atrapados en la fragua de la educación y transmitidos espontáneamente producen la fijación de contenidos que, a la postre, devienen en conciencia colectiva.

Yo entiendo que nací en un mundo regido por leyes y normas consagradas. Puedo o no ajustarme a ellas. Lo que no podré jamás es abolirlas porque no me satisfacen.

Entonces como parte de un conglomerado soy artífice y potencia. Me descubro en lo singular y siento que soy hijo de la civilización y del tiempo. No tengo que rendir cuentas a ningún pretor ni ser adalid de ninguna fábula.. Mi voz es esta.

Atento a lo manifestado y a los considerandos primos, no me siento apto para predecir otro paradigma ni ser un exponente maravilloso o trasgresor. 

Mi  "urgencia" no es el abrigo sino el caminar despacio y desnudo con el sol que abraza mis espaldas.

“Yo vivo en mi sinalefa cual una vocal atado a la costura de la vida”.  




By : El Arponero de la Tinta


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