No sé en que jungla habitan
aquellos monos antecesores del hombre ni me importa tampoco saberlo. Mi vida no
obedece a polos magnéticos ni a imanes. Soy una especie rarísima que se
conforma con poco: ser feliz.
Yo no busco ni me esfuerzo
demasiado en obtener la gloria ni el reconocimiento, estoy concentrado en
ser y vivir.
Mi rutina puede ser aplastante
para otros pero es perfecta para mí. No diré que vivo de la caza y de la pesca puesto
que tal cosa no la soportaría en el tiempo. Soy un hijo de la civilización
imperante y disfruto del confort de mi siglo.
No tendré un séquito de acólitos
que me sigan ni me sube a la cabeza el humo de interferir con los astros para modificar
el curso de la historia con doctrinas baratas. Yo disfruto de la simpleza de
las cosas y eso es todo.
Cada cual debe vivir su vida de
la manera mejor que guste y pueda, y dejar su marca indeleble en la piedra.
Mi aporte al castillo de la
civilización no tiene porqué ser esencial ni gravitante. Mi aporte al colectivo
es la mancha en la pared que dejo al transpirar mi escritura. Todo lo otro me
parece una cenefa en el plinto.
El predicado de la vida aún no
fue escrito por ningún mortal. Estamos aquí por indulgencia de las hormonas y nuestra
potencia radica en transmitir esa indulgencia hacia futuro.
La construcción de un
conglomerado social no surge por casualidad sino por perfección del
conocimiento. La comunicación, el lenguaje,
los lazos fraternos, la concatenación de significados atrapados en la fragua de
la educación y transmitidos espontáneamente producen la fijación de contenidos
que, a la postre, devienen en conciencia colectiva.
Yo entiendo que nací en un mundo
regido por leyes y normas consagradas. Puedo o no ajustarme a ellas. Lo que no
podré jamás es abolirlas porque no me satisfacen.
Entonces como parte de un conglomerado soy artífice y potencia. Me descubro en lo singular y siento que soy hijo de la civilización y del tiempo. No tengo que rendir cuentas a ningún pretor ni ser adalid de ninguna fábula.. Mi voz es esta.
Entonces como parte de un conglomerado soy artífice y potencia. Me descubro en lo singular y siento que soy hijo de la civilización y del tiempo. No tengo que rendir cuentas a ningún pretor ni ser adalid de ninguna fábula.. Mi voz es esta.
Atento a lo manifestado y a los considerandos
primos, no me siento apto para predecir otro paradigma ni ser un exponente maravilloso
o trasgresor.
Mi "urgencia" no es el abrigo sino el caminar despacio y desnudo con el sol que abraza mis espaldas.
Mi "urgencia" no es el abrigo sino el caminar despacio y desnudo con el sol que abraza mis espaldas.
“Yo vivo en mi sinalefa cual una
vocal atado a la costura de la vida”.
By : El Arponero de la Tinta
No hay comentarios:
Publicar un comentario