El día 22 de noviembre del
presente año, tendrá lugar una contienda electoral que proclamará a un nuevo
presidente.
La importancia de esta disputa
electoral es de grado sumo. Se elegirá entre la continuidad de un modelo o el
cambio total de paradigma.
A esta altura de los
acontecimientos, todos los ciudadanos tenemos en nuestro voto la posibilidad de
elegir nuestro destino como país.
Es claro que la decisión que
tomemos respecto al voto no será sino la expresión colectiva de una sociedad que busca consolidar o no, un sistema de ideas o
producir un cambio que movilice la construcción de un enfoque diferente.
En cuanto a la postura que
sostengo quiero apostar por un cambio. Quiero otra concepción ideológica que adscriba al
diálogo, a los consensos en materia de políticas públicas, al disenso, a la
diversidad de opiniones, al estructuralismo puro.
Por otra parte mi voto irá
dirigido a aquellos protagonistas que aseguren el cumplimiento estricto de la ley y promuevan la
independencia de los poderes del Estado. Votaré a quienes sostengan, con viento
a favor o en contra, las relaciones armónicas con las naciones del mundo, y
propicien y protejan los acuerdos bilaterales en materia comercial.
Asimismo, mi voto irá
direccionado a favor del compromiso irrestricto de quienes postulen una lucha
contra la pobreza, la marginalidad, la corrupción y el narcotráfico. También
hacia quienes promuevan la cultura del trabajo, la educación y el respeto, como
fundamento basal en que se anidan los pueblos y las relaciones interpersonales.
Mi voto será positivo y no se
inclinará hacia la órbita indefinida o neutral. Considero que las propuestas de
los candidatos, explicitadas o no, dan un indicio cierto del futuro a esperar
en caso que obtengan el premio mayor de ser elegidos. Privilegiaré al candidato
que demuestre credenciales de honestidad y de eficacia. No votaré a quienes no
se jueguen ni ofrezcan firmeza o entereza a la hora de actuar.
No creo en los discurso ni en los
debates. Son sólo maniobras orquestadas por los medios. No votaré al que mejor
habla sino al que mejor me parezca. Esto es subjetivamente mi opinión.
En cuanto a las encuestas y
encuestadoras sólo confunden, no sirven. Son empresas rentadas para instalar un
resultado. Tal vez se ha estudiado mucho sobre el influjo motivacional de la
propaganda pero poco se ha estudiado del ánimo del pueblo a la hora de
decidir por quién votar y por qué.
Yo, individuo, votaría en este
minuto a fulano, pero el día de la elección me levanto de la cama con ánimo
diferente a todos los días y voto a mengano. Ninguna ciencia puede predecir mi
voto. No obstante, sostengo mi palabra,, voto por el cambio.
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