ELECCIÓN
A hurtadillas, el ocaso pinta las
praderas de rojo carmesí, mientras el viento despeina con sutileza las espigas
tiernas que van sangrando. Un pálpito silente va muriendo en las dehesas y el
fuego del color se torna tenuemente en sombras. El hueco del paisaje absorbe el
reflejo de la inconsistencia de la luz y duerme, tímidamente, tras la potencia de ese rito silencioso que amamanta La tierra. El beso aledaño de
titilantes fotones como farolas en ciernes, ilumina la noche sobre el césped;
son aquellas mágicas luciérnagas que fomentan una esperanza cual románticas
estrellas fugaces en el cielo Queda atrás el caserón antiguo, sumergido en ese
gótico encuentro impresionista. El ulular persistente de los grillos o de las
cigarras – según sea – impregna el rectángulo nocturno. En su parir, una luna
crece redonda y renueva el asombro de los campos. La algazara de la noche es un
poema en el vientre del camino y el peregrino desanda en su pasión la mística
que lleva en su alforja. Hay un criterio escondido entre las sombras o, tal
vez, una maestría que se renueva a cada paso; el peregrino lo sabe desde
siempre y se persigna ante el don de la vida.
Guadales de polvo en
el camino
Una proeza, un
destino
La sinrazón o el
albedrío
Un recorrido
La fe puesta en la
estrella
El fino abecedario, la lengua
escrita, el eco de la voz, atemperan la mueca del tiempo y el peregrino asiente
que el reloj de su existir es un verbo en transitivo.
Amar en una noche
El pliego
Atizando el fuego pasional
Es el contenido.
La enjundia de colores que
manifiesta la dicha de amar, secreta el aminoácido del pronombre y devuelve al
peregrino su inmanencia.
La osadía del pensar
es
Un camino
Donde el sentir se
disuelve
En el amor
En que un peregrino resuelve
Dejar atrás su posada
Para engendrar los
detalles
De un cuadro absoluto
Junto a su amada.
Ciertamente, habrá otros eclipses
y otras nostalgias. El Mancebo es el peregrino y conoce el azúcar o la miel;
tendrá que elegir su caminar, ya junto a la luna, ya redimiendo su historia volátil en aquél
caserón antiguo.
By : Alí Al Haded
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