Sé
parir la burbuja de amor
cuando
la tarde se desnuda,
acepto
su voz en jarro
y
lleno de vino mi copa;
al
sesgo doy mi porfía
renovando
la magia de mi querer.
En
su cintura mis manos
y
en sus pechos mi labio febril.
Acontecer
y disparo de flechas
hacia
la nube que muerde
la
soledad; quiero el sabor
de
sus caricias en un contubernio
de
hormonas.
No
me aflige el devenir
ni
la distancia;
acepto
la gracia de su querer.
Es
un romance precioso
que
llena de gozo mi alma
y
de alegría el corazón.
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