El mar habló frente a tus costas
y dejó su lengua en tu bahía.
El mar acarició tus arenas
y depositó sus labios en ti.
Te hizo mujer y te habituó
a ser su amante
en todos los plenilunios.
Te secuestró en la noche
en un sigilo póstumo
y te besó los pies sobre la playa.
(Tú, temblabas con la brisa
y la humedad de ese labio)
¡Todo era encanto y amor
lujuria y placer!
Te desnudaste para él
y le obsequiaste tu aurora
Fuiste alma entre las aguas
y la sal milagrosa
y el curso de su vida, toda.
Hoy ha forjado el continente
la gracia de tu savia
y el aullido del reviente
un vástago sin igual
que colige la grandeza
de los mares en aras de
reciclar la espuma.
El arponero ha sido
el fruto de tu dimensión
y del profundo ministerio de las aguas.
(La tinta ha sido el sueño de mi padre)
(La tinta ha sido el sueño de mi padre)

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