A la sirena blanca
Turgente fe de tu
colirio quiero
sobre el nadir del
locus, en mi rada;
beber de ti, la sal de
tu venero,
es mi pasión urgente,
¡desesperada!
por libar,
caprichosamente, muero,
donde la gracia nace en
la alborada
y se transforma el gen
en un sincero
ruego, por esa fuente
nacarada.
Exploraré de ti, tras
mi locura,
los cuencos de la miel
y su dulzura
ejercitando el labio en
tu bahía...
Besaré tu pezón toda la
noche
¡No existirá nostalgia
ni reproche!
***
“Me entregaré a ti,
tras tu poesía”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario