domingo, 27 de marzo de 2016

LA EXPECTATIVA Y LA PERSPECTIVA



 
La expectativa es una forma de impulso que nos genera la vida para ir hacia delante; cuando ese impulso es harto dinámico nos transforma en líderes natos capaces no sólo de modificar nuestro entorno amarillo hacia la esfera celeste sino también abundar en contenidos o SIGNIFICANTES ABSOLUTOS que inspirarán a otros a domesticar el mundo. La expectativa es una flecha que con viento a favor consigue el objetivo trazado.

En este mundo que raya en lo sublime y también rechina en el asfalto de la desesperación, no cabe la mística del cerrojo, es decir, el agujero donde calza una llave y sólo una, para abrir o cerrar una puerta. Aquí no hay cerrojos ni puertas sino posibles obstrucciones que el esmero colectivo nos impuso a través de su escolástica.

El sentido no tiene porque ser positivo o negativo conforme a una intuición sino totalmente absuelto o desprovisto de considerandos La lógica no es un recorrido amistoso por la autopista de la filosofía sino esto que te escribo a modo de coloquio.

Lo que quiero decir es que la expectativa tiene una razón de ser, como una categoría innata, aunque no tan estricta, pero sí, necesaria para el universo. 

La expectativa es aquello que esperas AHORA lograr haciendo o no haciendo nada y está bueno que puedas elegir. También está bueno que puedas expectorar o tener un orgasmo, es sumamente delicioso poder tenerlo.

La historia está llena de predicados donde confluyen hazañas homéricas y de batallas napoleónicas y sin embargo, no veo quijotescas disquisiciones donde el saber popular se burle del LOOR académico por su arrogancia tan estética.

Bueno, la expectativa es un reloj con minutero al que puedes dar cuerda si quieres o no, ¡está en ti tomar el precio de tu tiempo militante!

Finalmente, la expectativa dibuja siempre una sonrisa y nunca una lágrima.

Lo que dibuja desazón, tristeza, confusión y parálisis no es EXPECTATIVA es la impronta opuesta a ella, LA PERSPECTIVA.


Te invito a encontrar una EXPECTATIVA. Tú, manejas el reloj.


By: El Arponero de la Tinta