Desde que Juan Cruz, alias el "negro", proclamara su
teoría semafórica de convergencia social, nadie para de hablar de ella en el
viejo continente.
En los medios televisivos y radiales, en la prensa escrita, en
los claustros académicos, en los corredores y pasillos de los congresos
mundiales, en los clubes de barrio, en los cafés y en todo lugar donde los
individuos se reúnan a platicar de bueyes perdidos.
Es que a pesar de ser una teoría novedosa, lo
"magnifico" de ella es que resume en si misma la HISTORIA de la
HUMANIDAD.
El "verde" que habilita al hombre a hacer de si y del
mundo lo que le plazca; el "amarillo" que advierte sobre la
posibilidad inminente de un cambio social; y "el rojo", ese muro
ancestral, que pone coto a las acciones y frena el avance de las ideas.
La convergencia social, en una perfecta sincronización de
incontinentes paradigmas, ha sido reducida a un simple juego de colores. La
humanidad vista por el prisma semafórico, ahora se encuentra enmarcada en un
tablero de lucecitas.
Juan Cruz, alias el "negro", reconoce en cierta forma
que su teoría no es el fruto de la reflexión aguda del genio ni de la
introspección del científico social, sino que por el contrario, entiende, que
toda su vida ha sido, es y será eso, una semaforización de su pensar y, por
ende, de su accionar .Una suerte de "pienso, luego existo" tan simple
como una tabla rasa y a la vez, maquiavélicamente, irrefutable.
Ya aturdido de tanta fama, de entrevistas, reportajes, flashes,
invitaciones a conferencias y demás, Juan Cruz, alias “el negro” - hombre de
profundas convicciones - toma el guante de la mundanalidad y se trenza a las
trompadas con la vida. Se deja crecer los bigotes y la barba, se rapa la
cabeza, se rasga las vestiduras y se interna en el más profundo ostracismo.
Pinta las paredes de su calabozo de azul y naranja, y se entrega a la lectura
de revistas de historietas y de ficción.
Nadie supo más de él a partir del último lustro. Algunos
“paparazzi” creyeron verlo en la Plaza de Florencia a media tarde enfundado en
una caja a tres colores, y lo fotografiaron para la revista INTERVIEW; otros,
los más cretinos, buscaron su retrato en una hostería de Pamplona -donde dicen-
un anciano vende linternas semafóricas a los turistas para contener así, el tráfico
peatonal durante la fiesta de San Fermín.
Todo es conjetura, nihilismo y desesperación, y ciertamente,
nadie podrá dar fe absolutamente de lo que ve y lo que oye; excepto que, si al
igual que Juan Cruz, alias “el negro“, haya vivido y padecido los avatares de
la luz – y maldecido también por ello -.
By : El Arponero de la Tinta
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