SIRENA
El escozor de tu pezón acecha
mi piel, y pica al cuerpo siniestrado,
el verbo grita, ruge atormentado
de pasión zaherido por la flecha.
y longa cierto juego o sutil mecha
para parir el estro del preciado
fuego, donde travieso o ensimismado
todo mi esplendor fulge tras la brecha,
que dejó tu corazón al viento
una mañana rubia, sobre arena
y tu desnudo todo al pensamiento.
Llevar me dejo por tu voz sirena
y cómo loco muero por tu ungüento
que me trastoca el ser y el alma plena.

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