En arena fina construiste tu templo
y la espuma de mar a tus pies;
el sol te dió caricias
y la luna te infló la panza.
Dormiste junto al minotauro, desnuda
se hinchharon tus pezones
de salitre y vastedad
y fuiste sueño.
Dejaste atrás la calvicie
y el viento te tocó la espalda,
amaneciste siendo labio
y piel entre muros.
No te enturbió la noche
ni te penetró sin condón
en tus suaves nalgas
el trazo intercostal del pene erecto,
y dormiste al ESTE de la acuerela
sobre el aullido de las olas,
¡Eres el dibujo de lo ingrato!
La inmanencia te duele como al clavo
la ausencia del martillo ...
Y fuiste engendro y nicho
coronando al despiadado viento
rompiendo moldes e incrustando cruces
entre sangrante limo
y carismas otoñales.
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