Soneto a mi PADRE
Asimilado a la pasión del clavo,
sobre su herrumbre heroica y colosal;
en su cabeza apura hoy el hierro bravo
del martillo. El sesgo universal
o síndrome del golpe. ¡Sangre lavo
en los arroyos puros de la sal!;
si a nuestras vidas diste un cielo flavo
y transplantaste en nos, ¡tu gran moral!.
¡OH, padre mío!, cuántas ganas siento
de oír tu voz y conversar contigo
y conocer de ti, tus reflexiones.
¡OH, padre mío!, quiero todo el aliento
y la palabra justa del amigo,
de aquél que enseña y ama, sin dilaciones.
Alí Al Haded
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