miércoles, 19 de septiembre de 2012


No hay lugar para otra EVITA. La historia protege a sus intérpretes y condena a los arrogantes.

Este modelo de país que procura llevar adelante el Ejecutivo de la mano de los K,  carece de  un postulado salvador de la república y obliga a pensar que la historia no da mérito a quienes construyen edificios defectuosos.

La legitimación de un gobierno democrático si bien se sustenta en los votos de los ciudadanos, se revalida con políticas que reclama la gente y que hacen al bienestar de todo el pueblo, sin importar el color político o el entramado social en que se mueven.

Acá se ha implementado un Estado represor de las ideas y peligrosamente confrontativo dando curso a la más horrenda y despiadada forma de gobernar: exaltando a los violentos que viven de los dineros públicos y denostando los reclamos de la gente que pacíficamente hace oír su voz, con consignas de golpistas y desestabilizadores.

El curso de la historia escribirá con letras mayúsculas sobre esta década infame, donde creció la corrupción, la impunidad, el crimen organizado, el patoterismo servil y rentado, el voto cautivo, la desprotección del ciudadano y el apetito de poder de los dirigentes alineados al modelo.

La interpretación que se hace desde el gobierno o la lectura de lo que debe ser una democracia debe contar con la solvencia ideológica de todas las fuerzas políticas y sociales en un macro relieve de armonía y consenso.

¡Gobernar  a lo despótico, pertenece a otro siglo!


P.D.: Cristina, nunca serás como EVITA, el tren de la historia pasó de largo para ti y para todo tu séquito.

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