No hay lugar para otra EVITA. La
historia protege a sus intérpretes y condena a los arrogantes.
Este modelo de país que procura
llevar adelante el Ejecutivo de la mano de los K, carece de un postulado
salvador de la república y obliga a pensar que la historia no da mérito a
quienes construyen edificios defectuosos.
La legitimación de un gobierno
democrático si bien se sustenta en los votos de los ciudadanos, se revalida con
políticas que reclama la gente y que hacen al bienestar de todo el pueblo, sin
importar el color político o el entramado social en que se mueven.
Acá se ha implementado un Estado represor de las ideas y
peligrosamente confrontativo dando curso a la más horrenda y despiadada forma
de gobernar: exaltando a los violentos que viven de los dineros públicos y
denostando los reclamos de la gente que pacíficamente hace oír su voz, con
consignas de golpistas y desestabilizadores.
El curso de la historia escribirá
con letras mayúsculas sobre esta década infame, donde creció la corrupción, la
impunidad, el crimen organizado, el patoterismo servil y rentado, el voto
cautivo, la desprotección del ciudadano y el apetito de poder de los dirigentes
alineados al modelo.
La interpretación que se hace
desde el gobierno o la lectura de lo que debe ser una democracia debe contar
con la solvencia ideológica de todas las fuerzas políticas y sociales en un
macro relieve de armonía y consenso.
¡Gobernar a lo despótico, pertenece a otro siglo!
P.D.: Cristina, nunca serás como
EVITA, el tren de la historia pasó de largo para ti y para todo tu séquito.
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