Oda al vino
Caudal de añejo y sol, pura docencia
macerada en el pálpito de la uva.
savia que renueva los sarmientos
con las acequias del deshielo
y fermenta en el aire.
Calidad intrínseca a la tierra
al polvo y al levante
y al frenético ardor campesino.
Espejo de los labios de mujer
y sabor que humedece
con su cuerpo y su alma de fruta
la sequedad humana.
Entuerto de matices
y técnica en ascenso
entre moles saturados
sobre las odres
y una vertiente capital
que alimenta todo el fermento sustantivo
y deja a salvo el rojo intenso
o vira hacia el ámbar cristalino
la piedad de la flora.
By : Alí Al Haded

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