viernes, 22 de febrero de 2013

ATACAR LA CORRUPCIÓN EN EL EJERCICIO DE LA FUNCIÓN PUBLICA


Atacar la corrupción frontalmente y con decidido pulso, es separar de todo cargo a cualquier funcionario salpicado de negociados y actos que envilecen el cometido de la función; es juzgarlo como a cualquier delincuente sin fueros ni guiños institucionales que puedan entorpecer el proceso; es exonerarlo de la función pública y confiscarle todos sus bienes y, fundamentalmente, condenarlo a prisión efectiva en una cárcel común.

Cuando este precepto sociológico, normológico y ético se cumpla cabalmente, entonces renacerá nuevamente la república y volverá la sonrisa del pueblo a flamear como la bandera que nos legó Belgrano, azul como el cielo y blanca como la pureza. El sol será entonces la justicia que resplandecerá en todo el territorio de la Nación, junto a la magia de hombres y mujeres libres del calvario de los poderes corruptos y anodinos.





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