La economía, según creo es una ciencia social que trata de
resolver la escasez y cómo distribuir los recursos existentes de manera tal de
satisfacer las necesidades humanas en forma inteligente y equitativa.
Vulgarmente, se piensa que la
economía puede resolver los problemas materiales de las sociedades a través de
ecuaciones matemáticas y esto, lleva al error de creer que la economía es una
ciencia fáctica. No lo es, ni lo será jamás.
Es más, hasta descreo del
carácter científico de la economía.
Para mi es apenas una herramienta
de análisis que permite estudiar hechos del pasado para diagnosticar un
presente y proyectar un futuro.
Si bien es cierto que se vale de
un compendio de estudios teóricos, clásicos y modernos, y que muchas veces
validados por la experiencia fáctica demuestran una cierta propensión a un
resultado irrefutable, por ejemplo;: el entendimiento de que el gasto si supera
el ingreso da como resultado un déficit que debe financiarse con endeudamiento
o hipoteca de futuros ingresos, eso no le provee de cientificidad a esta seudo
ciencia, sino, en todo caso, de una lógica humana o sentido común.
El motivo por el cual salgo a
hablar sobre este tema es que justamente el hecho de distribuir en forma
inteligente y equitativa los recursos escasos entre los demandantes es una
opinión subjetiva que nace de un sujeto o grupo de elite o bien, de una decisión política del poder
central.
El punto es que, a modo de una
estrategia militar en el campo de batalla, la economía se torna una fuente de
especulaciones para enfrentar al enemigo; por lo tanto, está sujeta al arbitrio
del cuerpo mayor o comandante.
Ahora, ¿quién es el enemigo?
¿cuál es el campo de batalla?
El enemigo puede ser cualquiera:
tú o yo, tu familia, mis amigos, los indigentes, los ancianos, los laicos, los
trabajadores, los estudiantes, el clero, etc.
En cuánto al campo de batalla no
importa en donde se manifieste es una circunstancia espacial del momento, puede
ser el ámbito de una nación, la
jurisdicción donde ejerce dominio la sociedad de fomento de tu barrio o
por decir cualquier barbaridad, la terraza de tu casa.
Lo que me queda claro es que la
economía no resuelve ningún problema de distribución global, sino que
proporciona cuotas de asignaciones de felicidad a los adherentes a determinados
enclaves que adhieren a un modelo de reparto en desmedro de todo el conjunto
que no adhiera a esa política.
En conclusión, la economía no
resuelve la felicidad humana ni distribuye equitativamente recursos en función
a las necesidades existentes; sólo provee de teorías odiosas que posibilitan el
ejercicio de las tiranías.
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