"Atribulado
en la cresta, recurro al arpón"
Mazo
de cartas y la baraja española.
Se
dirime la suerte entre bastos y copas
espadas
y oros;
urge
la prisa sobre la tarde
(no
tiene minutero mi reloj)
de
continuo el aliento del enorme crisol
construye
un templo de naipes.
Son
finas las hebras que martillan
el
silencio, son apenas místicos
compases...
En
la redonda mesa, el asombro
deja
su impronta
de
afilados cuchillos...
Sones
de oro retrucan el espacio
y
una daga pronuncia mi nombre.
Estoy
cerca...
no
muy lejos del arte sacro;
coligo
que la vena esparcirá su cuota
¡En
este papiro incesante y sin voces!
Doy
dos pasos hacia atrás y otro adelante
(practico
un salto ornamental)
Confió
en mi esgrima para dilatar el suceso
y
me sujeto al dogma del tiempo militante,
dejando
un predicado vivo:
"No
muere quien andando puede
romper
las cadenas que atan al sigilo,
si
tras arpón, logra transpirar el guante”.
By:
El Arponero de la Tinta

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