miércoles, 9 de diciembre de 2015

MI OPINION



La tolerancia y la alternancia política son ejes fundamentales de una sana democracia. El soberano, el pueblo, decide quien será su representante, su conductor y su nuevo líder. Por designio de la mayoría otorga su mandato a un nuevo representante para que lo gobierne y lleve adelante los destinos de la república. La política provee de esquemas o lineamientos ornamentales de cómo se edificará el nuevo país y que característica tendrá la nueva NACION, surgida a partir de la validación que otorga el voto popular.

La insatisfacción de las masas populares ante el atropello constante y despiadado ejercido por el gobierno que se va, se explica a través del canto de las urnas. La corrupción, el entramado entre funcionarios y la justicia para no investigar ni sancionar a los que roban en nombre del Estado, la falta de controles, la luz verde para hacerse de los dineros públicos y fundir a la patria, eso, terminó horadando los cimientos de la institucionalidad e hizo tronar el escarmiento.

No obstante, el gobierno que asoma no busca el revanchismo, ni el poder para amasijar a sus rivales, es un gobierno que surge de una COALISION, un conglomerado de fuerzas políticas diferentes en sus ideales pero unidas en un solo objetivo: el bien del país.

Aquí se necesita romper con el populismo y dar poder a las masas para que ellas dominen con criterio, inteligencia y sabiduría el país que desean para sí y su descendencia. Un pueblo instruido, culto y soberano que ejerza su capacidad de pensar y decidir, quienes nos dirijan.

No está bien emborrachar al pueblo con consignas baratas y subsidios eternos, alimentando la dependencia hacia el Estado.

El pueblo debe tener independencia de criterio  y un enorme poder basado en el trabajo y en la educación. No hay otra manera de sacar adelante una NACION.

El personalismo ejercido por la SEÑORA, el odio transmitido en sus discursos, la falta de prudencia y el constante azuzar el fuego de la discordia, dividió a la república en dos bandos antagónicos. Ese odio,  no será fácil erradicarlo del sustrato militante  y rentado que usó aquella mandataria para construir su poder. Es una infección que estará latente por mucho tiempo.

Este poder se construyó con la connivencia de muchos sectores empresariales que se enriquecieron con este esquema de autoridad. Por ejemplo: el juego y la obra pública.

Habrá que extirpar del hueso esa infección y comenzar una terapia que devuelva la salud al cuerpo.

La justicia debe ser lo que se espera de ella: EJEMPLARIDAD y MODELO.

Si se dan estos pasos, la ARGENTINA, tendrá otra oportunidad de ser un PAIS JUSTO Y SOBERANO.

¡Al Presidente entrante, le deseo, LO MEJOR!

Mis respetos y saludos

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