La tolerancia y la alternancia
política son ejes fundamentales de una sana democracia. El soberano, el pueblo,
decide quien será su representante, su conductor y su nuevo líder. Por designio
de la mayoría otorga su mandato a un nuevo representante para que lo gobierne y
lleve adelante los destinos de la república. La política provee de esquemas o
lineamientos ornamentales de cómo se edificará el nuevo país y que
característica tendrá la nueva NACION, surgida a partir de la validación que
otorga el voto popular.
La insatisfacción de las masas
populares ante el atropello constante y despiadado ejercido por el gobierno que
se va, se explica a través del canto de las urnas. La corrupción, el entramado
entre funcionarios y la justicia para no investigar ni sancionar a los que
roban en nombre del Estado, la falta de controles, la luz verde para hacerse de
los dineros públicos y fundir a la patria, eso, terminó horadando los cimientos
de la institucionalidad e hizo tronar el escarmiento.
No obstante, el gobierno que
asoma no busca el revanchismo, ni el poder para amasijar a sus rivales, es un
gobierno que surge de una COALISION, un conglomerado de fuerzas políticas
diferentes en sus ideales pero unidas en un solo objetivo: el bien del país.
Aquí se necesita romper con el
populismo y dar poder a las masas para que ellas dominen con criterio,
inteligencia y sabiduría el país que desean para sí y su descendencia. Un
pueblo instruido, culto y soberano que ejerza su capacidad de pensar y decidir,
quienes nos dirijan.
No está bien emborrachar al
pueblo con consignas baratas y subsidios eternos, alimentando la dependencia
hacia el Estado.
El pueblo debe tener
independencia de criterio y un enorme
poder basado en el trabajo y en la educación. No hay otra manera de sacar
adelante una NACION.
El personalismo ejercido por la
SEÑORA, el odio transmitido en sus discursos, la falta de prudencia y el
constante azuzar el fuego de la discordia, dividió a la república en dos bandos
antagónicos. Ese odio, no será fácil
erradicarlo del sustrato militante y
rentado que usó aquella mandataria para construir su poder. Es una infección
que estará latente por mucho tiempo.
Este poder se construyó con la
connivencia de muchos sectores empresariales que se enriquecieron con este
esquema de autoridad. Por ejemplo: el juego y la obra pública.
Habrá que extirpar del hueso esa
infección y comenzar una terapia que devuelva la salud al cuerpo.
La justicia debe ser lo que se
espera de ella: EJEMPLARIDAD y MODELO.
Si se dan estos pasos, la ARGENTINA,
tendrá otra oportunidad de ser un PAIS JUSTO Y SOBERANO.
¡Al Presidente entrante, le
deseo, LO MEJOR!
Mis respetos y saludos
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