En la lista de invitados no figuraba su nombre. Se sintió sencillamente desplazado. - el evento no era sino a las 20 horas del domingo - pensó que lo anularon por su dentadura perfectamente blanca.
No encajaba en el círculo de figuras y celebridades. Tiró las flores en el patio y se fue caminando despacio,
lejos del bochinche y de la gran fiesta.
La tristeza lo invadió pero no se dejó morir y siguió su
derrotero.
"Habrá otros mañanas y otros nuevos convites donde podrá mi
risa ser augusta" - se dijo - y se fue silbando bajo hacia su casa.
Se calmó a si mismo fumando un cigarrillo, tragando el humo
muy despacio.
La geografía a la vista de sus ojos se presentó impactante y
amó la noche bajo la luna inversa.
El imán de la noche embrujó su mundo y se dejó llevar por el
éxtasis de una guarida secreta.
Se masturbó dos veces entre los árboles y recitó su verso,
pensando en ella, ya eran las 20 horas. Dejó su espuma en el papiro. Una versión distinta,
un novedoso postulado.
En su solaz, contempló los astros y fue infinito su gozo.
La luna inversa gozó con él y fueron ambos cómplices de una
fiesta mágica y esplendorosa.
By : El Arponero de la Tinta

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