miércoles, 30 de diciembre de 2015

EDITORIAL



Como ciudadano argentino y habitante de este hermoso país, tengo derecho a expresar mi opinión, usando el lenguaje apropiado, sin agredir ni ofender; aunque sí, marcando mi diferencia con la política del gobierno actual, al cual deposité mi voto pensando que  habría un manejo equilibrado del poder y una forma de ejercicio del mismo, meditada y justa.

A mi me duele como asalariado pagar los platos rotos del descalabro de la economía, fruto del mal gobierno de la gestión anterior. Sin embargo, veo con desagrado que el Presidente electo tome medidas que benefician a sectores de la economía que siempre especularon para obtener un rendimiento superlativo y postergue a quienes somos la verdadera fuerza motriz de la economía, los ASALARIADOS.

Quizás a largo plazo, el país luzca como una potencia en el cono sur. Es importante para el país ser predecible, garantizar la inversión y poseer una plataforma jurídica que dé seguridad a la afluencia de capitales externos que promuevan el desarrollo y continuidad a un proceso de cambio y de sostenimiento constante de la economía. Pero no me parece justo que la masa obrera financie o subsidie esta política de rendimientos hacia los sectores más ricos.

Aquí, el ATLAS que sostiene el mundo es el trabajador y el Estado no se avergüenza de ello. Se jacta de haber abierto el cepo cambiario y de  haber normalizado el mercado de divisas con una medida  que impacta muy desigualmente en los sectores del trabajo.

Para colmo de males permite a determinados gremios “poderosos” obtener una compensación económica para sus afiliados y el “resto” que se joda.

No está bien esa decisión de permitir que algunos obtengan una compensación económica sin sopesar que todos somos asalariados y que por tanto, merecemos igual tratamiento.

El gobierno debiera haber visto que el esquema implementado era desigual y debiera haber abierto el paraguas, a fin de no dividir más al pueblo y a la masa trabajadora y reglamentar un bono único para todos de $ 1000 por ejemplo.

Mas no, dejó que el azar y  las fuerzas de gremios apabullantes,  tomaran las riendas y se abrió de gambas con respecto a los empleados públicos y municipales. ¡Qué lindo!

O sea, se cumple mi hipótesis respecto a que los asalariados financiamos a los sectores más ricos.

Yo le deseo a este gobierno lo mejor, dado que si le va bien, todos nos beneficiamos.

Pero no consiento el criterio de repartir el costo de la inflación entre los “muchos” y repartir los dividendos de las ganancias entre unos “pocos”.


MI OPINION

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