Si hay o existe vida en otro
planeta, no es determinante para el curso de la historia. Lo que busca la
ciencia es contemplar otros nichos biológicos que aporten un eslabón que ate la
lógica humana con la suficiencia escolástica del científico y de posibilidad a
elucubrar otra magnitud del universo, otro planteo más radical que se aleje de
la empatía de lo sagrado.
No me importa que la
interpretación de la vida se resuelva en un tubo de ensayo ni que la quimera
del choque de partículas celebre un caos donde aparezca la teoría odiosa del
Big Bang. Cada cual adscribe a una postura cultural o metafísica aprehendida y
nunca a una intuición maravillosa de su genio.
Que la ROM de nuestro chip
cerebral posea categorías innatas está bueno y es sumamente lógico, así como el
ave que migra por los cielos sin GPS ni brújula hacia su destino a miles de
kilómetros de distancia.
Digo que lo determinante para la
historia no se basa en teorías solamente ni en ejercicios didácticos de la
ingeniería mecánica o electrónica. Hay otras maneras posibles de comprender la
vida, mucho más rudimentarias, pero eficaces para la felicidad del hombre, no
me refiero a la religión, sí, a la contemplación de la naturaleza, la armonía
de sus ecosistemas, el encantamiento de su diversidad reproductiva, la gracia
de sus vitrales de plenitud en los espejos de aguas, la vida que fluye en el
interior de los mares, la majestuosidad de los montes, el espectáculo de los
valles y la landa.
El hombre ha conocido la gloria y
el fracaso. Ha construido puentes y caminos, ciudades y mucha ciencia aplicada
al progreso; pero también, pobreza, guerras y destrucción.
¿Existe vida en otros mundos?
Claro que sí; pero no será enseñada al hombre dado nuestro ahínco de destruirlo
todo para beneficio del capital teñirá de roña al universo. Que la tecnología y
la ciencia sigan buscando con robots otros organismos vivientes que lo intente
no está mal, pero la mano del CREADOR no dejará que la irracionalidad humana
infecte el oasis de la DIVINA CREACIÓN.
Si queremos vivir en plenitud,
debemos compartir los recursos y ser menos groseros con quienes nos rodean, no
más discriminación por raza o color y más generosidad entre hermanos.
Somos huéspedes en esta tierra,
no dueños más que de nuestras alforjas, compartamos lo poco o mucho con el otro
y dejemos en paz al que habita a nuestro lado.
¡El aire no discrimina!
MI OPINION
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