lunes, 25 de enero de 2016

Reflexionando




Si hay o existe vida en otro planeta, no es determinante para el curso de la historia. Lo que busca la ciencia es contemplar otros nichos biológicos que aporten un eslabón que ate la lógica humana con la suficiencia escolástica del científico y de posibilidad a elucubrar otra magnitud del universo, otro planteo más radical que se aleje de la empatía de lo sagrado.

No me importa que la interpretación de la vida se resuelva en un tubo de ensayo ni que la quimera del choque de partículas celebre un caos donde aparezca la teoría odiosa del Big Bang. Cada cual adscribe a una postura cultural o metafísica aprehendida y nunca a una intuición maravillosa de su genio.

Que la ROM de nuestro chip cerebral posea categorías innatas está bueno y es sumamente lógico, así como el ave que migra por los cielos sin GPS ni brújula hacia su destino a miles de kilómetros de distancia.

Digo que lo determinante para la historia no se basa en teorías solamente ni en ejercicios didácticos de la ingeniería mecánica o electrónica. Hay otras maneras posibles de comprender la vida, mucho más rudimentarias, pero eficaces para la felicidad del hombre, no me refiero a la religión, sí, a la contemplación de la naturaleza, la armonía de sus ecosistemas, el encantamiento de su diversidad reproductiva, la gracia de sus vitrales de plenitud en los espejos de aguas, la vida que fluye en el interior de los mares, la majestuosidad de los montes, el espectáculo de los valles y la landa.

El hombre ha conocido la gloria y el fracaso. Ha construido puentes y caminos, ciudades y mucha ciencia aplicada al progreso; pero también, pobreza, guerras y destrucción.

¿Existe vida en otros mundos? Claro que sí; pero no será enseñada al hombre dado nuestro ahínco de destruirlo todo para beneficio del capital teñirá de roña al universo. Que la tecnología y la ciencia sigan buscando con robots otros organismos vivientes que lo intente no está mal, pero la mano del CREADOR no dejará que la irracionalidad humana infecte el oasis de la DIVINA CREACIÓN.

Si queremos vivir en plenitud, debemos compartir los recursos y ser menos groseros con quienes nos rodean, no más discriminación por raza o color y más generosidad entre hermanos.

Somos huéspedes en esta tierra, no dueños más que de nuestras alforjas, compartamos lo poco o mucho con el otro y dejemos en paz al que habita a nuestro lado.

¡El aire no discrimina!

MI OPINION

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