En un mundo globalizado, por las comunicaciones
o por la magia del internet, con toda su catarata de redes sociales, resulta
casi imposible evadirse de lo que pasa en las grandes potencias del mundo y desconocer
la magnitud de las repercusiones mediatas e inmediatas que provocarán, los
sucesos acaecidos en aquellos sobre el ámbito de las naciones circundantes o
bien sobre las otras regiones del planeta y de la trascendencia en términos políticos,
económicos y sociales que conllevan en si mismas.
El fenómeno que acontece en las
grandes naciones es un disparador o plataforma de lanzamiento de nuevos
paradigmas.
La importancia que tiene el acto eleccionario
en la Unión de Estados Americanos, donde el partido republicano obtuvo la mayoría necesaria para encumbrar a Donald
Trump como nuevo líder del país más poderoso del mundo, no puede ser soslayada
por ninguna nación del planeta.
La decisión del pueblo americano
de dar su voto a Donald Trump es un mérito local que nadie juzga y que
representa una alternativa diferente a la que consagraban las encuestas.
El temor que se signa en el mundo,
es, si la figura de hombre duro contra la inmigración, del electo presidente, no
traerá aparejado segregación, odio y violencia.
No me gustaría un nuevo ultranacionalismo
en el mundo.
Particularmente, en mi opinión,
no era posible jamás que una mujer se encumbrara como presidenta de los Estados
Confederados. Entiendo que el resultado estaba cantado y que manipularon las
encuestas.
Esperemos que prime la cordura,
que haya consenso universal y no se dispare la discriminación y el odio
planetario. No me gustaba este señor para presidente, lo veo como muy poco
reflexivo y con cierta animosidad. ¡Ojala me equivoque!
Espero que “el sueño americano”
al que hace mención, este nuevo líder, sea a partir de la cooperación
internacional en todos los órdenes, con
todas las naciones, y nunca la guerra.
MI OPINION
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