El marino no estudia la salinidad
de las aguas; pero tarde o temprano, escruta
en la inmensidad del océano el latido de su corazón y descubre, cuál un
sabio griego, la circunstancia de ser apenas una gota en el mar y reflexiona en
voz alta: que aunque construyera un imperio en la tierra nunca tendría aquella
majestuosidad de los mares y colige, entonces, que su aporte a la civilización
es una letra, apenas un trazo minúsculo
que lo convierte en una gota de agua pero que sirve a la esencia del mar. Deja atrás
su figura de marino y piensa en el
destino y siente que su aporte a la salinidad es perdurar en el tiempo a través
de una semilla. Es entonces que inmerso en sus cavilaciones, apura su
conciencia, conoce a una moza y decide ser padre.
Le lleva tiempo conocer una
esposa y encontrar la sal pareja a su albedrío pero la musa llega y le entrega
la felicidad soñada. Nace el asombro del hombre y surge aquella gota buscada.
Todo es alegría en el hogar tras el llanto del bebé. Ahora, el marino no tiene
excusas ni complejos para no dedicarse al estudio de la salinidad de las aguas.
By : El Arponero de la Tinta
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