sábado, 13 de mayo de 2017

En tiempos del ARPON



El marino no estudia la salinidad de las aguas; pero tarde o temprano, escruta  en la inmensidad del océano el latido de su corazón y descubre, cuál un sabio griego, la circunstancia de ser apenas una gota en el mar y reflexiona en voz alta: que aunque construyera un imperio en la tierra nunca tendría aquella majestuosidad de los mares y colige, entonces, que su aporte a la civilización es una letra, apenas un trazo  minúsculo que lo convierte en una gota de agua pero que sirve a la esencia del mar. Deja atrás su figura de marino y  piensa en el destino y siente que su aporte a la salinidad es perdurar en el tiempo a través de una semilla. Es entonces que inmerso en sus cavilaciones, apura su conciencia, conoce a una moza y decide ser padre.
Le lleva tiempo conocer una esposa y encontrar la sal pareja a su albedrío pero la musa llega y le entrega la felicidad soñada. Nace el asombro del hombre y surge aquella gota buscada. Todo es alegría en el hogar tras el llanto del bebé. Ahora, el marino no tiene excusas ni complejos para no dedicarse al estudio de la salinidad de las aguas.


By : El Arponero de la Tinta

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