Creo que, universalmente, está configurada toda DEMOCRACIA en la sustancia del respeto a las libertades individuales y a la manifestación de todas las ideas.
Parir una DEMOCRACIA participativa y equilibrada es el factótum del pueblo soberano.
Armar el entramado que aúne las voluntades populares en pos de una nación libre y soberana exige un compromiso con la historia y un respeto absoluto hacia las instituciones.
Romper caprichosamente los eslabones de una cadena que llevó generaciones de argentinos a construir una república, es negar la voluntad del pueblo.
Hoy, se impone un modelo de totalitarismo que avasalla la integridad de la república.
La premisa del “Estado soy yo” vuelve a cobrar vigencia en un país que otrora fuera campeón de las libertades.
En la medida que desde el “poder central” se ataquen los engranajes de sustentabilidad y de la sana convivencia, se ahonda en un conflicto que puede desencadenar una crisis de institucionalidad que nadie quiere.
Pido a las autoridades que modifiquen su postura confrontativa y se avengan al diálogo con todas las fuerzas políticas y sociales. Que dejen de lado la construcción de su “PARADIGMA” del “Estado soy yo” y vuelvan con criterio pluralista a gobernar la Nación.
De lo contrario, ellos serán los únicos responsables de la disolución del orden y de la atomización del pueblo.
MI OPINION
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