ALMA
¡Alma mía!, de gozo abanderada,
repintada de asombros y ternuras;
tú, me diste la fiebre, casi nada
o casi todo, bellas travesuras
y compendios salados tras morada.
Yo no sé de los riscos, las alturas;
no sé del bravo viento, la intifada,
yo sólo sé de tus verdades puras.
Del imán de tus versos y palabras,
de tu amor lisonjero y dulce rima,
de tu extrema y potable permanencia..
Yo sólo sé de ti, tu evanescencia,
del surco del amor que siempre labras
o de la magia que en tu seno, prima.

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