Suda la tarde en el pórtico de
mi ventana
abrazada a su destino
dorado.
Y tras ella, el reloj
biológico del mundo
gime su prosapia en el
tablero.
Ríen los espantos sobre las
nubes del ocaso;
dragones azules,
solapadamente en el fulgor,
adscriben al nuevo sincretismo
de las especies.
Forjan el nuevo esquema de la
cosmovisión temprana.
Finas gotas de agua
y un arco iris teje un puente
de amistad en aldehídos.
Estado natural de los
aconteceres mustios.
¡Ruta donde el corsario, ni se
atreve, ni camina!
Rueda mágicamente la finura en
este parangón:
¡tuya la algarabía del verso,
mujer,
y mía toda, la pasión por tus
besos y tus ansias!.
Parkinson en la recámara y
viento,
empinada sombra sobre la
mesita de luz.
Doy por cierto, que la luna es
una pesadilla.
Sueño por demás tras mojar la
sábana.
Amanezco aún entre los vivos.
Añoro el rojo vino,
¡venero plácidamente su
estocada!
...callando van mis huesos.
Soy una lisonja en la tiniebla
¡certeramente!
y no pienso más en mi, ni en
nada.
Durante el recorrido a la gran
cripta
sumerjo allí, este sufrido cuerpo.
Hijo del hombre y del calvario
- entiendo que muriendo he
renacido -;
y si no fue tan cruel mi
respirar
un resoplido queda ...
¡el huracán de mis palabras!
By: Alí Al Haded
No hay comentarios:
Publicar un comentario