El silencio, como forma no
audible del ruido, es algo que no logro imaginar en medio de esta jungla. Aún
cuando la sordera se apoderara
positivamente de mi organismo sensible, creo que la nota más trágica del
dolor retumbaría en mi cerebro como decibeles en ascenso. Me refiero a que las
repercusiones inmediatas y preactivas del hemisferio cerebral trocarían la
sensación de dolor en reacciones conectivas de alborotada longitud de onda que
retumbarían como tambores en la constelación de mi constitución humana y
nuevamente, aturdirían mis sentidos.
En realidad, el silencio como
forma de sentir la felicidad del “no ruido” en esta jungla, es un deseo
inconcebible o tal vez, un sueño platónico. El bocinazo de los autos, la música a todo trapo del vecino, el grito de gol de Boca Juniors, el sonido de
una alarma antirrobo, el improvisado discurso de Cristina ante los medios; en fin, el sonido del teclado al prodigar estas letras me
dejan como corolario, que el silencio si existe, sólo es audible cuando no
existimos.
By El Arponero de la Tinta
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