viernes, 2 de noviembre de 2012

DESESTIMO LA REGULACIÓN A LOS MEDIOS


Toda regulación a la prensa y a los medios de comunicación en general sobre contenidos de información, no es buena si nace al arbitrio del gobierno. No debe existir ni presión ni asfixia oficial hacia ningún medio que publique información contraria a la que el gobierno desearía oír o ver escrita; tampoco, extorsión en cuanto a privarlo de pauta oficial si persiste con su línea editorial.

Hay que dejar que todas las voces se escuchen en todos los formatos (televisivos, radiales y gráficos) y que sea por decantación  la platea  quien decida cuál información es veraz y cuál es tendenciosa.

Hoy, en un mundo globalizado e interconectado  en grado superlativo a través de la Internet, es arcaico y retrógrado querer negar la pluralidad de contenidos y pretender masificar una estructura de pensamiento único, dictando normas que ajusten el pensamiento a un cerebro rector y descalificar todo lo que no se ajuste a ese ordenador como “no ético”.

No debiera existir jamás un manual práctico que guíe al periodista a redactar una nota observando en forma tajante la visión subjetiva del gobernante sobre cómo,  qué,  cuándo y dónde informar. Eso sería aceptar condicionamientos a la libertad de expresión.

Es extremadamente torpe maniatar a la prensa y a los medios ; pues ellos son los que traducen el devenir de la historia de los pueblos y de las culturas a partir del relato y la transformación dinámica de los hechos actuales y realidades mediatas en símbolos que pueden ser decodificados  por toda inteligencia humana. Por lo dicho entonces, maniatar a la prensa o a los medios es conculcar el derecho a la realización de los pueblos y a la negación de su historia.


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