El desmanejo que lleva adelante el gobierno respecto de
las cuestiones internacionales que involucran a nuestro país, es una clara
muestra de incomprensión de cómo funciona el mundo. También, podría decirse que
la falta de pensamiento crítico ayuda a seguir hundiendo cada vez a la
ARGENTINA en un mar de desaciertos y papelones.
Pero no todos los argentinos
estamos de acuerdo con este manejo improvisado de nuestra política exterior.
Lamentablemente, quien lleva el curso de nuestra nave no tiene ni idea – tampoco
le importa tenerla – de cómo manejarse ante las tormentas que arrecian contra
la embarcación.
Nuestra Nación ha perdido el
rumbo y zozobra en alta mar debido a la obstinada creencia de que gritar es
hablar y abofetear es dar caricias. Pues desde que nuestra mandataria ha
privilegiado el discurso incendiario en todos los frentes acusando de enemigos
a los otros que contrarían su pensamiento, nos ha ido mal en todos los foros
internacionales.
Tomemos por casos, lo que pasó
con las plantas de producción de papel en Uruguay donde hasta el tribunal de la
HAYA nos fue desfavorable, lo de MALVINAS, lo de la fragata Libertad y ahora lo
de los fondos fiduciarios que reclaman su acreencias avaladas por un fallo de
la Justicia norteamericana.
La Argentina es un inmenso
territorio que goza de muchas ventajas estratégicas geográficas, posee salida
al Atlántico y al Pacífico; es un enclave primordial en el hemisferio sur; goza
de innumerables riquezas agro alimentarías, es una Nación pujante y en una etapa de formación
industrial capitalista. No merece por lo tanto, que se tire por la ventana lo
que tardó décadas en construirse, sólo por el capricho de un gobierno que no
sabe de que va.
La historia será implacable con este gobierno que no supo llevar a buen
puerto el navío de la patria y lo condenará con letras mayúsculas porque no
supo dialogar ni consensuar políticas de Estados, acordes a los tiempos que
vivimos y se mandó de una, a una epopeya que pergeñó entre delirantes aullidos
de gloria, buscando cimentar un nuevo paradigma, sin entender que la ARGENTINA
es de todos los que habitamos su suelo y no, de unos pocos que viven de prebendas
del Estado.
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