sábado, 24 de noviembre de 2012

OPINION



El desmanejo que lleva adelante el gobierno respecto de las cuestiones internacionales que involucran a nuestro país, es una clara muestra de incomprensión de cómo funciona el mundo. También, podría decirse que la falta de pensamiento crítico ayuda a seguir hundiendo cada vez a la ARGENTINA en un mar de desaciertos y papelones.

Pero no todos los argentinos estamos de acuerdo con este manejo improvisado de nuestra política exterior. Lamentablemente, quien lleva el curso de nuestra nave no tiene ni idea – tampoco le importa tenerla – de cómo manejarse ante las tormentas que arrecian contra la embarcación.

Nuestra Nación ha perdido el rumbo y zozobra en alta mar debido a la obstinada creencia de que gritar es hablar y abofetear es dar caricias. Pues desde que nuestra mandataria ha privilegiado el discurso incendiario en todos los frentes acusando de enemigos a los otros que contrarían su pensamiento, nos ha ido mal en todos los foros internacionales.

Tomemos por casos, lo que pasó con las plantas de producción de papel en Uruguay donde hasta el tribunal de la HAYA nos fue desfavorable, lo de MALVINAS, lo de la fragata Libertad y ahora lo de los fondos fiduciarios que reclaman su acreencias avaladas por un fallo de la Justicia norteamericana.

La Argentina es un inmenso territorio que goza de muchas ventajas estratégicas geográficas, posee salida al Atlántico y al Pacífico; es un enclave primordial en el hemisferio sur; goza de innumerables riquezas agro alimentarías, es una Nación  pujante y en una etapa de formación industrial capitalista. No merece por lo tanto, que se tire por la ventana lo que tardó décadas en construirse, sólo por el capricho de un gobierno que no sabe de que va.

La historia será implacable  con este gobierno que no supo llevar a buen puerto el navío de la patria y lo condenará con letras mayúsculas porque no supo dialogar ni consensuar políticas de Estados, acordes a los tiempos que vivimos y se mandó de una, a una epopeya que pergeñó entre delirantes aullidos de gloria, buscando cimentar un nuevo paradigma, sin entender que la ARGENTINA es de todos los que habitamos su suelo y no, de unos pocos que viven de prebendas del Estado.





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