PRINCIPIO UNIVERSAL DE LA VORÁGINE
Por el ARPONERO de la
TINTA
Prologo del autor
Parto de la ficción - en cuánto
representación mental de un hecho imposible -, y no, del mero divague
que, en términos casuísticos, tenga entidad de fenómeno, y por lo tanto,
posibilidad de existir.
Buenos Aires, 22/04/2014.-
GENESIS
L
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a tarde era una tarde apacible
como cualquier otra tarde de aquella primavera de 2004 sobre las afueras de la
gran orbe. En la plaza, varios niños jugando a la pelota sin más solemnidad que
aquel sentido propio del juego y de la diversión.
Mario Robles García, un sociólogo
del norte argentino, examinaba el cuadro que se presentaba a sus ojos, donde la
algarabía de los niños y la majestuosidad de la plaza no hacían más que abundar
en notas que, atropelladamente, volcaba en su cuaderno. Este rito que a la
postre pudiera ser considerado un acto mecánico, no revestía ese carácter sino
más bien como el éxtasis del poeta que deja su impresión entre líneas.
“La inteligente humanidad
conjugada en la apreciación distinta de fenómenos que intoxican el alma con
pureza, trae a la luz los mecanismos más sensibles del conocimiento y revierten
en espontaneidad las acciones tales como los alaridos y la fascinación de los
púberes tras el juego” Publicaba en su cuaderno, Don Mario y continuaba : “Los
aciertos de la civilización son aciertos colectivizantes, que rememoran
el sentido de pertenencia a un grupo y confieren validación al acto del juego
como forma de recreación y simbolismo” y por último como reflexión: “La
elevación de la humanidad hacia capaz superiores de convivencia exige,
naturalmente, la armonía y el pacto que se establece a través del juego. El
respeto de esas reglas convivenciales, traerá aparejado el orden social” Dejaba
escrito en su última entrada.
Caía la tarde en su apogeo y los
niños ya se retiraban a sus hogares, cansados y extasiados por tanto derroche
de energía y felicidad.
Mario Robles
García, próximo a los 49 años, de pelo canoso y contextura mediana, hizo un
paréntesis en su breve ensayo, tomó el resto de café que aún humeaba y decidió
emprender la marcha hacia el hotel. Ya en su habitación se tiró sobre el sofá y
encendió su pipa mientras se entregaba a cavilaciones profundas.
Pensó en los
intrincados eslabones que forjan el devenir de una sociedad y que obedecen a
acciones ordinarias de un comportamiento masificado y que compelen al lenguaje
de las palabras y de los hechos. Trazó un vector entre conducta aprehendida y
conducta diseñada, esta última referida a la forma que asume la propaganda para
estandarizar el cerebro y, por ende, las acciones. Creyó encontrar “el axioma
mismo” y la causa eficiente que produce en toda sociedad, el auto
deterioro, y la denominó “Principio universal de la vorágine”
Para ello se valió de un elemento
esférico como la pelota para trazar toda una teoría revolucionaria. Se dijo que
si un elemento material puede servir para enfatizar roles dentro de un grupo y
ayudar a establecer relaciones, es posible entonces que “lo material” sea el
fundamento de todas las culturas en su etapa más joven.
La pelota como objeto material o
representación redonda es apenas un eslabón de la intricada trama social que se
establece a partir del juego.
Hasta aquí apenas los
prolegómenos de una teoría que saldría más tarde a la luz y daría mucha
letra a las opinólogos de salón.
Era tarde ya para ir al almacén a
comprar, así que llamó a un casa de comidas y encargó empanadas y un
“tintillo”.
Mientras acontecía lo anterior,
enciende la grabadora y decide volcar sus pensamientos en un soporte magnético:
“la pelota se eleva en el aire a través de un impulso violento que es la
patada. La patada representa el acto por el cual el cerebro ordena al miembro
inferior a descargar energía mecánica hacia un objeto. A su vez ese acto
procura obtener un curso, una dirección o un destino, lleva implícito un
impulso vectorial. En nuestra sociedad el impulso vectorial es potencialmente
una energía que puede ser utilizada con fines altruistas o no, según la
directiva de un cerebro”.
El sonido del teléfono lo
devuelve a la realidad, aprieta la pausa de la grabadora y toma el inalámbrico
de la mesita ratonera. Desde la conserjería le avisan que su pedido de comida
estaba allí. Mario Robles García, toma su billetera y baja a la recepción para
hacerse de su vitualla.
Después de cenar y beber unos
aperitivos, Mario Robles García ya agotado de reflexiones y elaboraciones
varias, cierra sus ojos y dormita.
En la esfera del sueño contempla
el espacio de tres dimensiones, se agolpan las imágenes y se mezclan con
sonidos de campanas. Percibe el olor de las formas y todo su cuerpo se
estremece. Sabe que duerme y no puede despertarse. Está ahí, en un estado de
ensoñación fantasmal. No puede volver y está preso en una burbuja de
cuasi- conciencia. En ese estado, rayano a la desesperación, induce a su
cerebro a metabolizar cada asombro, se tranquiliza y decide, antes de volver,
imaginar un escenario donde el hombre domine las pasiones. Se da
cuenta que en el estado en que mora, no sufre de necesidades primarias,
descubre el poder de la auto enajenación por hipnosis involuntaria. Ve
las cosas con otro prisma y aprovecha para indagar sobre el principio universal
de la vorágine.
¿Qué es el concepto en cuánto
desarrollo de un significante? – se pregunta y, concluye: se trata de una
imposición que vigoriza las relaciones en una manada que consume valores
asociados al hedonismo y que valida y justifica por el grado de felicidad que
produce y lo transforma en categoría aceptable. Por lo tanto, no es un
sustantivo sino sólo un emblema que descubre la fragilidad del hombre como
criatura pensante. La manada acepta vigorosamente el concepto como “llave
maestra” de un bienestar presente. El concepto no alude a la idea sino a la
satisfacción; luego el mecanismo del pensar se sujeta a un estado de futura
realización. El concepto no existe es puro acopio de materialidad y hedonismo.
Lo azul no es azul, sino una forma fugitiva de los ojos.
¿Puede la sociedad humana
desprenderse del concepto y buscar otra alternativa? ¡NUNCA!. La conmutatividad
entre la satisfacción y el pensamiento es irreversible.
Un calambre en la pierna del
sociólogo lo trae a la realidad y lo devuelve a la vigilia. Agradece a DIOS por
ello. Se jura a sí mismo que dejará el alcohol.
N. d A. : "El Principio
Universal de la Vorágine", postula que la humanidad desciende a los
umbrales del abismo por efecto mecánico del juego y el acopio de significantes,
tras el concepto hedónico de felicidad.
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