Hay conceptos universales que no pueden ser arbitrio de
unas pocas “mentes ilustradas” . Tal es así que la BELLEZA no puede ser
atrapada por la enciclopedia ni conceptualizada categóricamente con un sólo parecer.
Yo entiendo que la BELLEZA
requiere de dotes emotivas para cada persona y, como no somos todos iguales;
procurar encasillar este término en una traza común, es desmerecer al intelecto
y negar al sustantivo su condición.
No intento ensayar un concepto
diferente a la mirada académica del lenguaje, ni saturar el contenido de este
espacio, con una exposición semántica lingüística.
La palabra BELLEZA tiene un
sentido y una fuerza natural de expresión que trasciende lo efímero y se
proyecta a todas las latitudes del pensamiento.
Quizás aquello que está enmarcado
en lo aceptado colectivamente ejerce un cierto aire de verdad; pero esa
“verdad” no deja de ser un tótem.
Asimismo, el paso del tiempo hace
que la visión de las cosas y los conceptos aprehendidos escolásticamente se
renueven y surjan otros criterios para elaborar plataformas de pensamiento, que
modifican lo anterior.
Intento, desde un criterio
personal o subjetivo establecer , la clave de la BELLEZA sin ridiculizar lo
generalmente aceptado como tal.
“BELLEZA es todo aquello que
agrada a nuestros sentidos y lo colma de placer”.
“Agrado y placer”, son
ciertamente el diagnóstico que nuestro parietal promueve en su accionar
axiomático para procrear un sentido positivo hacia tal o cual estímulo y configurar el cerebro a la aceptación del
placebo.
MI OPINIÓN
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