lunes, 28 de julio de 2014

EN EL COSTADO DEL AMANECER


El viento tiene un recicle de amarillo
y una piadosa cana;
árboles desnudos en otoño
y un dejo de floral sobre la frente.

Un colchón de hojas secas lo atropellan
entre murmullos de lluvias
y de otras cenizas que vuelan.

Un arponero entiende que el paso del tiempo
ejerce palidez en la acuarela
y prontitud de nostalgias.

A la postre, el beso del aroma en el efluvio mágico
es un retazo breve,
y la fragancia del amor
una postal en ciernes, que se marchita a cielo abierto.

¡No son columpios de las eras los estados
de las almas, sino pródigos engendros
de una cónica en el papiro
que equidistan ante el rayo!.

Los parietales del enigma extrapolan el mito.

Yo puedo dibujarte aquí, ¡mi dulce princesita!,
botando al mar mi nave y desafiando el asombro
sorteando los engarces primitivos
de las esferas y las olas
y paladear, junto a ti, la ambrosía toda,
en este espacio de coloquios y soñares.

¡Nada debo al crucifijo ni a los hijos de Neptuno!
¡Soy eternamente un cristal, una faz, un plenilunio!.

Y sueño entre las noches, libar el contenido de tu amor.
A veces, no sueño, simplemente, te proyecto en mi fantasía
y te imagino, aquí, en mi terruño, intensa en mi piel,
magnificando el rugido de las olas.

¡AY, MI SIRENITA!, ¡TU LUZ ME ATA!.



By : El Arponero de la Tinta 

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