EN UN EPITAFIO DIVINO
Dibujé en el fieltro, la aurora;
los miedos forjaron la liendre
en un
sublime enroque
y puede
que mi voz disipara
el
temblor de aquellos minutos
donde se
atenazaba la fiebre
y rescaté
tu página desnuda
y estampé
en ella mi firma.
Raudo
viento dejó su parecer
en la
arena
y yo te
protegí
abrazando
tu pecho
y besando
tu esfinge.
Quedé
exhausto de gloria
¡amanecí
contento!
No tengo
atravesada ninguna espina
y no
tengo dolor:
¡Te amé y
te amo con altura!
Sólo que,
contemplo la bahía
bajo una
luna redonda.
Tras el
criterio del zodíaco,
Un
espacio, tan breve, amaneció descalzo
y sin
latidos en mi corazón;
¡te quise
hasta el infinito!
(el
miocardio no responde a los secretos
terrenos,
pero la aorta respira aún vencida)
Los
momentos de nuestro acontecer fueron
selectos
espacios donde acurrucamos el minuto.
Mas no
puedo ante las olas
ni los
mares,
dejar el
mundo por tu estrella
ni dejar
de fulgir la estela de mi arpón
Debo
seguir mi curso
hasta
agotar el propósito
que fluye
sobre la sal.
¡Qué
hermoso es el beso del amor
y la
potencia que conlleva!
¡Yo
llevo, Sirenita, en mis labios, tu dulce
caramelo
de tu copiosa espuma,
del
trajinar auténtico del soñar
y de la
vastedad del universo!
En una
secreta bahía :
Tú y yo,
supérstites absolutos
de la
gracia militante,
dejando
atrás a Cronos,
¡haremos el amor!
By : El Arponero de la Tinta

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