lunes, 16 de mayo de 2016

INTERPRETACION Y TEATRO



La interpretación en función del afluente colectivo impone una visión irreverente que soslaya el conectivo individual y abre el sublime continente imaginativo. Conmueve por su dosis realista y atrapa la conexión lógica del predicado que intuye cada conciencia y procrea la estética que, cual espejo, devolverá en pasión, una sucesión de rápidos instantes donde queda atrapada la sinapsis de un acto.

El dramaturgo estira la pasión en dosis de encumbrados quilates  que obligan a la platea a pergeñar el aplauso. La plataforma debe ser adecuada al misterio de la representación y acorde a la expectativa del público que observa.

En esta empresa importa siempre la definición del número y la elegancia de la forma; la palabra adquiere sentido, si lo tiene el ambiente secundario en que se sucede la escena.

El vuelo magistral, la potencia de la escena, adquiere dimensión cuando existe lo biunívoco entre el artista y su público.

La representación no es, digámoslo en forma negativa, imitación de voces y personajes sino, abstracción y arte puro.

“No se es viejo por tener arrugas, sí, por acumular años” – dice un arponero amigo.

En cada teatro, la magia de una obra se torna fundamento y estría, mientras se apagan las luces y sólo queda el pulso de los actores en el escenario. En esa representación es la misma acuarela del mentor de la obra transmitir el ritmo de su bosquejo que, apasionadamente, cristalizó a partir de una realidad tácita de matices auténticos pero rellena de verdaderas ilusiones.



No hay comentarios: