En mi concepción personal de la
realidad como ciudadano, entiendo como
necesario “un blanqueo total” de los manejos espurios de la anterior gestión de
gobierno y también, una división de poderes que sea garante de la democracia y
que devuelva la institucionalidad perdida,
a los órganos de control y a la justicia en general.
Creo que el clamor popular exige remisión
a los hechos delincuenciales de los funcionarios públicos salientes, devenidos
a millonarios tras su paso por la función en los poderes del Estado y rendición de cuentas a la Justicia por los
actos de corrupción, cuya providencia está más que probada, por lo cual, cada
implicado en hechos ilícitos deberá pagar con prisión efectiva e indemnizar al
Estado Argentino con su patrimonio mal habido.
Aquí, no hay animosidad contra
ninguna corriente política ni revanchismo; hay, sí, un deseo explícito del
ciudadano de ver entre rejas a los que avergonzaron al país y se robaron hasta
el agua de los floreros. Esa “trouppe de titanes del afano” debe entender que
la Justicia existe y no se vende al mejor postor, es independiente y goza de
poder soberano.
A quienes robaron, coimearon,
participaron de asociaciones con proveedores del Estado y amasaron fortunas a
través de los sobreprecios; a ellos, hoy, les toca responder por la vileza de
sus actos confiscatorios del bienestar del pueblo argentino. No es poca cosa.
La educación, la salud, la
seguridad, la ayuda social, fueron diezmadas por el apetito voraz de lobos
disfrazados de corderos, que pergeñaban un discurso progresista de inclusión
social para obtener la simpatía de las masas y contar con el aval de las
muchedumbres para llevar adelante un proyecto de robo sistemático de los
dineros de los argentinos, entregándoles, a cambio, migajas y un carnaval
colorido de música y timbales para sus oídos.
Esto se terminó. Ahora viene la
hora de los pueblos y el rugido de la patria.
Ojo, no digo con esto que el
actual gobierno sea todo lo que los Argentinos queremos, pues ha demostrado
mucha insensatez y tozudez en el plano
económico, favoreciendo a los sectores más acomodados y postergando a los
sectores populares. Esto suma en negativo para la actual gestión y se verá
reflejado pronto en las próximas elecciones.
Lo que quiero hacer significar es
que “CAMBIEMOS” dio una impronta necesaria a los reclamos del ciudadano y
cierto aire de frescura a la institucionalidad, pero le falta mucho para
generar un nuevo paradigma ideológico.
La piedra fundamental sobre la
que se erige el entramado social y todas las instituciones de la república es
la familia. Es importante entonces enfocar la política pública a devolver a
esta unidad su lugar de privilegio.
En la medida que el trabajador
sea desplazado de su fuente de trabajo y condenado a vivir de prestado o en la
indigencia, deteriora el vínculo y los
lazos con su familia; si a su vez, esto se multiplica por cien, por mil o un
millón entonces, aparece la anomia y por inercia, el caos, la anarquía, la
desobediencia, la insurrección y el deterioro del pacto social.
Quiero decirle a los tecnócratas
del gobierno actual, que mediten las medidas económicas a tomar y no sean tan
teóricos. No somos incógnitas de una ecuación sino personas que respiran el
mismo aire que vosotros.
Gracias por leerme.
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