Nunca sabré disipar la duda que ocasionó, en mi ser, la febril estampida de toros producida a consecuencia de un meteoro o de una antorcha en medio de la noche.
Reproducir el instante no me es dado ni menos describir el asunto. Sé que ha sido dado al hombre la nostalgia y el embrujo de la palabra. En ese curso dirijo mi voz hablada en letras.
No sé si la llama del candil o la destreza de mil fantasmas arremetió en la arena, sólo investigo los hechos para un diario amarillista.
Me azora la circunstancia, en que los arrebatos de las fieras elucubren un paradigma nuevo, a mi entender, y me culpo de ser tan poco consciente de la realidad y de sentirme un dinosaurio en una silla fumando un atado de cigarrillos negros.
Imaginar que estoy vivo en un mundo donde domina la escena y yo soy simple espectador es mi ruina o mi cable a tierra, tú decides.
Como verás, lector, soy una dicotomía en proceso o lógicamente una ó inclusiva. Y a partir de ese espacio desigual entre lo que soy y debería ser, mi conocimiento pulula invariablemente, entre los colores más equidistantes. Ayer el fuego descubrió su brazo y trastocó el mundo de los toros. La plaza de Sevilla se llenó de explosiones rutilantes y engarces de gemidos.
Me dicen - en off – que no dé datos y maneje la información con profesionalismo. Vivo de esto, por lo pronto y lo inmediato. Debo acatar la voluntad del periódico. Ser amarillista es la consigna.
Y cuánta razón tenían mis viejos cuando decían : “No te embarres con carbón, embárrate con oro, si total el fango es el mismo.” Nunca los escuché y siempre hice lo que me parecía. ¡Cuán pelotudo he sido!.
Tecleo en mi computadora una nota mientras bebo una medida de Whisky barato y fumo. Que el fuego de unas bengalas hayan desatado el caos es poco ingenioso. Lo preciso es decir que: Un atentado de la ETA ha disparado contra el corazón de España, eso llenará de regocijo a los editores. Asumir que los lectores leerán la nota y se llenarán de entusiasmo nacionalista importa poco y nada, pero que a partir del título de la nota se venderán más ejemplares eso es JUSTICIA para el capital y regocijo para el empresario. A lo sumo me darán una palmadita en el hombro y una cálida felicitación.
Será esa, quizá, mi condecoración y la retribución justa por ayudar a empobrecer la razón y transpirar la camiseta.
Reproducir el instante no me es dado ni menos describir el asunto. Sé que ha sido dado al hombre la nostalgia y el embrujo de la palabra. En ese curso dirijo mi voz hablada en letras.
No sé si la llama del candil o la destreza de mil fantasmas arremetió en la arena, sólo investigo los hechos para un diario amarillista.
Me azora la circunstancia, en que los arrebatos de las fieras elucubren un paradigma nuevo, a mi entender, y me culpo de ser tan poco consciente de la realidad y de sentirme un dinosaurio en una silla fumando un atado de cigarrillos negros.
Imaginar que estoy vivo en un mundo donde domina la escena y yo soy simple espectador es mi ruina o mi cable a tierra, tú decides.
Como verás, lector, soy una dicotomía en proceso o lógicamente una ó inclusiva. Y a partir de ese espacio desigual entre lo que soy y debería ser, mi conocimiento pulula invariablemente, entre los colores más equidistantes. Ayer el fuego descubrió su brazo y trastocó el mundo de los toros. La plaza de Sevilla se llenó de explosiones rutilantes y engarces de gemidos.
Me dicen - en off – que no dé datos y maneje la información con profesionalismo. Vivo de esto, por lo pronto y lo inmediato. Debo acatar la voluntad del periódico. Ser amarillista es la consigna.
Y cuánta razón tenían mis viejos cuando decían : “No te embarres con carbón, embárrate con oro, si total el fango es el mismo.” Nunca los escuché y siempre hice lo que me parecía. ¡Cuán pelotudo he sido!.
Tecleo en mi computadora una nota mientras bebo una medida de Whisky barato y fumo. Que el fuego de unas bengalas hayan desatado el caos es poco ingenioso. Lo preciso es decir que: Un atentado de la ETA ha disparado contra el corazón de España, eso llenará de regocijo a los editores. Asumir que los lectores leerán la nota y se llenarán de entusiasmo nacionalista importa poco y nada, pero que a partir del título de la nota se venderán más ejemplares eso es JUSTICIA para el capital y regocijo para el empresario. A lo sumo me darán una palmadita en el hombro y una cálida felicitación.
Será esa, quizá, mi condecoración y la retribución justa por ayudar a empobrecer la razón y transpirar la camiseta.
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