El Progresismo en términos de ideología – si existe – debería consistir en un
crecimiento sostenido de las políticas públicas conducentes a dar satisfacción
plena a las demandas populares; lo cual implicaría fortalecer el tejido social
y consolidar un Estado benefactor. En
definitiva, cualquier ideología política tanto de izquierda o de derecha o de
arriba o de abajo, encajaría dentro de este
concepto abarcativo, dado que el fin último de un gobierno no es la
debacle de su Nación sino justamente lo
opuesto, promover las acciones
necesarias para elevar los estándares de felicidad de sus ciudadanos. De esto
se deduce que cualquier gobierno que mejore la calidad de vida de su pueblo, no
sólo en términos cualitativos sino también en términos cuantitativos será considerado un Gobierno Progresista.
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