Voy sin brújula a través del mar
hacia otro derrotero
y veo que las gaviotas me saludan.
Estoy en la cubierta de mi nave
y muerdo mi destino.
Nunca forjé en caracol mi rumbo
aunque tiemblo ante las aguas batientes.
Soy un arponero temeroso
pero no obstante, sigo tras el rumbo...
Hoy desistiré de cazar a la ballena
y tiraré mis redes
para atrapar algunos calamares.
¡Seguramente estoy viejo
y harto de la pesca y del sangrado!
Ya peino canas
y mi deseo es promulgar la paz
con las criaturas de los mares.
Al fin de cuentas
moriré junto a mi arpón
en alguna tertulia
a bordo de mi nave.
Y nadie llorará por mi
ni pedirá en la cripta
una misa por mis huesos.
Mi alma flotará como la boya
tras el beso de la luna.
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