Las
flores que yo adoro de su huerto,
los
pétalos que beso de su alma;
el
rojo de su amor y su pronombre
regalan
a mi tedio dulce calma.
A
mi cuerpo devuelven el fermento
del
éxtasis que anhelo tras mañanas;
aferrándome
al gozo de sus labios
dulcificando
el estro de mi vida.
Yo
aprecio de la cítara, el arpegio,
y
de las cuerdas todas, sus bemoles,
¡mas
el almíbar quiero de su boca!.
Me
seduce su mar y geografía,
Inscribo
en mi bitácora la ruta
de
este ardor que tanto me desboca.
By:
El Arponero de la Tinta
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