El hombre que transpira su numen, tras la olas embrujado por
el mar y la cota del destino, el hombre que percibe el arrecio de los vientos
sobre su pequeña embarcación y que pondera la longitud del horizonte, en toda su
extensión y traduce en positivo su batallar y no siente ni odio ni tristezas;
el hombre que sin sinalefas se adhiere al escorzo de las aguas y a su melodía
por el placer de la aventura tras el devenir de las auroras , tan sólo buscará
el soñar entre las aguas y a su sino entregará su alma, ¡feliz de su albedrío y
de su empresa!
¡Ser Arponero no es un estilo de vida, sino el oficio de un
Quijote!

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