El Arponero sabe que un nuevo amanecer lo espera; no se desespera. Comprende en su soñar sobre la rambla, que el mar obedece a un designio y que sus olas tienen sus segundos marcados.
Espera en su corazón el beso de la luna y colige el verso del henchido parir del seno. Sabe que el reloj no duerme y que la gota de sudor no es sangre.
Un cigarrillo enciende esperando el triunfo de la cresta y exhala su bocanada de humo tras la impronta. La brisa es un acorde mágico durante la espera.
El Arponero está desnudo en cuerpo y alma para entregarse de lleno a las aguas y descubrir el asombro.
La luna entre quilates y almidonadas faces me descubre tiritando en las aguas del mar y me abraza. Mi corazón aferrado al arpón recicla una lágrima pero mi fuerza traspira un eructo mágico y tras ardor le hace el amor a la ola, y la mar entonces, extasiada y de espumas llena, desova su canto enamorada, en la arena. Me devuelve a la vida.
¡Pobre ALFONSINA hoy estará expectante en la bahía esperando a un ARPONERO!
Espera en su corazón el beso de la luna y colige el verso del henchido parir del seno. Sabe que el reloj no duerme y que la gota de sudor no es sangre.
Un cigarrillo enciende esperando el triunfo de la cresta y exhala su bocanada de humo tras la impronta. La brisa es un acorde mágico durante la espera.
El Arponero está desnudo en cuerpo y alma para entregarse de lleno a las aguas y descubrir el asombro.
La luna entre quilates y almidonadas faces me descubre tiritando en las aguas del mar y me abraza. Mi corazón aferrado al arpón recicla una lágrima pero mi fuerza traspira un eructo mágico y tras ardor le hace el amor a la ola, y la mar entonces, extasiada y de espumas llena, desova su canto enamorada, en la arena. Me devuelve a la vida.
¡Pobre ALFONSINA hoy estará expectante en la bahía esperando a un ARPONERO!
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