El disvalor, como espejo negativo de las cosas que consideramos buenas, está tan horrorosamente plantado en nuestra cultura que suponer que el criterio humano y reflexivo puede terminar con este agregado, ¡es una empresa absurda!. Lo que cabe a mi magro entender, es manejarnos con nuestra escala de valores sin pretender más que el aullido de una platea rabiosa de criterios. Las adhesiones pueden ser o no las que esperamos; ¡Es lo que hay!.
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